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Victoria’s Secret, la icónica marca de lencería, decidió dar un giro en su estrategia empresarial tras sufrir una caída significativa en sus ventas en los últimos años. Los ejecutivos de la compañía anunciaron que la marca volverá a sus raíces, enfocándose nuevamente en el «sex appeal» que la hizo famosa y deshaciéndose de las políticas de diversidad, equidad e inclusión implementadas en años recientes.

Estas políticas, que incluyeron la incorporación de modelos transgénero y de talla grande, no lograron revertir el declive en las ventas. En 2020, la marca registró ventas por 7.500 millones de dólares, que disminuyeron a 6.700 millones en 2021 y continuaron cayendo a 6.340 millones en 2022. Para 2023, se proyectó una caída adicional del 5% en las ventas.

El director ejecutivo del grupo expresó que, a pesar de los esfuerzos y algunas iniciativas positivas, no se logró el impacto esperado para mejorar el desempeño financiero de la empresa. Reconoció que el cambio de estrategia busca revivir el éxito pasado de la marca, cuando los icónicos «Ángeles de Victoria’s Secret» simbolizaban glamour y sensualidad.

La decisión de eliminar las políticas de inclusión generó un fuerte debate. Por un lado, algunos consideran que el regreso al enfoque tradicional podría revitalizar la marca y atraer nuevamente a su audiencia original. Por otro lado, esta medida fue criticada por quienes defienden la diversidad y la representación de diferentes tipos de cuerpos en la industria de la moda.

Este cambio estratégico representa un intento por parte de Victoria’s Secret de adaptarse a las demandas del mercado y recuperar su posición en el competitivo mundo de la moda. Sin embargo, queda por verse si esta medida tendrá el efecto deseado en las ventas y si la marca podrá reconciliar su imagen con las expectativas de un público cada vez más diverso y exigente.