El pontífice sostuvo que esta tecnología «nunca podrá compartir la fe» y remarcó que la labor del orador es transmitir una experiencia personal de amor a Jesucristo. Es fundamental que los fieles perciban la autenticidad del mensaje religioso por sobre la eficiencia de un algoritmo generado de forma automática.
🧠 Durante su intervención, comparó el funcionamiento del cerebro con la musculatura física y advirtió que la falta de ejercicio intelectual conduce a la pérdida de capacidades críticas. «Si no los usamos, mueren», afirmó respecto a los órganos de pensamiento, instando a los clérigos a practicar el discernimiento para no caer en el sedentarismo cognitivo. Esta reflexión busca que el mensaje eclesiástico mantenga una raíz humana frente al avance de los sistemas de procesamiento de datos.
📱 El pontífice también alertó sobre los espejismos presentes en las redes sociales y la posibilidad de que la identidad digital desvirtúe la misión pastoral. Señaló que internet puede albergar engaños que confunden a los creyentes si el contenido no está «auténticamente arraigado en el Señor». La advertencia final enfatizó que la verdadera comunicación religiosa requiere una conexión real y humana que las máquinas no pueden replicar ni imitar con éxito.
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