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La industria automotriz china implementó fábricas totalmente automatizadas que operan sin personal humano ni iluminación, optimizando la producción a niveles récord.

Estas plantas, conocidas como «dark factories», utilizaron sensores de alta precisión e inteligencia artificial para sustituir las tareas que antes realizaban los operarios. Al no depender de la visión humana, las máquinas trabajaron en la oscuridad absoluta, lo que permitió un ahorro energético extra y un ritmo de ensamblaje que no se detiene nunca. El objetivo de este modelo fue eliminar cualquier margen de error y acelerar la salida de nuevos vehículos al mercado global.