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La instalación de servidores en el fondo del mar permite reducir el consumo energético y aprovechar la refrigeración natural del océano ante la alta demanda de procesamiento de datos.

El sector tecnológico en China inició el despliegue de infraestructura de cómputo sumergible con el objetivo de resolver uno de los mayores desafíos de la industria: el calor extremo generado por los procesadores de Inteligencia Artificial (IA). Estas unidades, diseñadas como cilindros herméticos de alta resistencia, se ubicaron en el lecho marino para utilizar el agua circundante como un radiador natural infinito.