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El Ministerio Público Fiscal de La Rioja inició una investigación formal contra un ciudadano de apellido Sosa, acusado de montar una estructura de engaño basada en la suplantación de identidad de una fuerza de seguridad nacional.

La maniobra delictiva se centraba en la ciudad de Chilecito y zonas aledañas del Oeste riojano. Sosa se presentaba ante los vecinos como un integrante de los grupos de élite de la Gendarmería Nacional. Para dar veracidad a su relato, el estafador utilizaba un lenguaje técnico y apelaba a la supuesta confidencialidad de sus funciones, logrando así que las víctimas no cuestionaran la procedencia de los bienes que ofrecía.

El «anzuelo» consistía en la venta de productos que, según el implicado, habían sido incautados en procedimientos contra el narcotráfico y el contrabando. Al ofrecer estos artículos —que incluían desde tecnología hasta bienes de consumo— a precios significativamente inferiores a los de mercado, lograba captar el interés inmediato de los damnificados. La condición innegociable era el pago previo del 100 % del valor.