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La ciencia confirmó que las canciones que escuchamos durante la adolescencia se graban en nuestra mente con una fuerza superior a la de cualquier otra etapa.

Investigaciones de la Universidad de California en Davis explicaron que el cerebro atraviesa un periodo de gran desarrollo entre los 13 y los 17 años. Durante este tiempo, la música activa de forma simultánea áreas clave como la amígdala, encargada de las emociones, y el hipocampo, responsable de la memoria. Esta combinación genera una respuesta química de dopamina que hace que los recuerdos musicales sean casi imposibles de borrar.