El equipo aisló cuatro moléculas llamadas asperigimycinas; dos ya mataron líneas de leucemia y otra, con una cadena lipídica, igualó eficacia de fármacos convencionales.
El equipo de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) le dio un giro inesperado a Aspergillus flavus, un hongo conocido por sus esporas tóxicas y por estar asociado a muertes tras abrir tumbas ancestrales —como la de Tutankamón en 1922— por supuestas “maldiciones”. En lugar de causar daño, ahora podría convertirse en un arma contra el cáncer.
Investigadores liderados por la profesora Sherry Gao y el doctor Qiuyue Nie lograron aislar y modificar un grupo de moléculas, llamadas asperigimycinas, derivadas de ribosomas y luego modificadas químicamente (RiPPs). Publicaron los resultados en Nature Chemical Biology.
